El Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía que se celebra cada 17 de junio, tiene como lema este 2009: "conservar el suelo y el agua es igual a asegurar nuestro futuro común".
El Día Mundial de Lucha contra la Desertización y la Sequía fue instituido por la ONU en 1994 para sensibilizar de la necesidad de luchar contra este fenómeno, que supone la pérdida del potencial productivo, económico y biológico de los ecosistemas.
Hay territorios especialmente afectados como los países de Kazajistan o Uzbekistán, donde los planes agrarios han convertido en desiertos miles de kilómetros cuadrados, o como el Sahel africano, el sur del desierto del Sahara, donde está avanzando la aridez en países como Malí, Mauritania, Chad o Senegal.
La sobreexplotación de los recursos hídricos, la tala indiscriminada de bosques, la agricultura intensiva y el sobrepastoreo, los incendios, y la ocupación del suelo para el negocio inmobiliario resultan en gran parte responsables de esta situación.
A los problemas causantes de este fenómeno y de la sequía se suman los efectos que el cambio climático está provocando a nivel global.
El aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones son sólo dos de los múltiples efectos producidos por el incremento de las emisiones de CO2 a la atmósfera.
Según los datos de Naciones Unidas, la degradación del suelo afecta a 1.200 millones de personas que viven fundamentalmente de la agricultura y la ganadería, y unos 200 millones sufren los efectos de la desertización hasta el extremo de verse obligados a abandonar sus tierras y emigrar a otras zonas.
lunes, 27 de julio de 2009
sábado, 18 de julio de 2009
Atlas Mundial de Desertificación suma a experto chileno entre sus gestores
Investigador de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, Alejandro León, fue convocado como único representante de nuestro país.
Revisa las actividades universitarias en la Agenda UniversiaUn aumento en la superficie que sufre desertificación en el mundo da cuenta de que las medidas de protección ambiental deben ser intensificadas. Y Chile no puede ser la excepción, pues parte importante del territorio nacional ya está sufriendo los alcances de este proceso. Para conocer el escenario actual y recabar la información que sea necesaria para la toma decisiones, un equipo de expertos confeccionará un nuevo Atlas Mundial sobre el fenómeno. La degradación de las tierras áridas, semiáridas y zonas subhúmedas secas por los efectos de las variaciones climáticas y las actividades humanas como el cultivo y el pastoreo excesivo, la deforestación y la falta de riego es un fenómeno que avanza en el mundo, conocido como desertificación. Un proceso paulatino que alerta sobre la vulnerabilidad de los ecosistemas a la sobreexplotación y al uso inapropiado de los suelos. Atento a este fenómeno que involucra a localidades de nuestro país entre las afectadas, el académico del Departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Renovables de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, Alejandro León, integra el equipo que desarrollará una nueva versión del Atlas Mundial de la Desertificación. Se trata del único experto chileno invitado a la reunión que, en junio, sentó las bases de este proyecto en el Centro Conjunto de Investigación de la Comisión Europea, ubicado en Ispra, Italia. Tal encuentro contó con la participación de investigadores de: Estados Unidos, China, Australia, Holanda, Alemania, Italia, Portugal, Turquía, Camerún, Burkina Faso, Namibia, el Instituto para el Ambiente y la Sustentabilidad de la Comisión Europea y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. En éste se avanzó en la evaluación del conocimiento científico disponible y en la búsqueda de una metodología consensuada. Ello porque el objetivo del Atlas es registrar los avances del conocimiento en el tema de la degradación de la tierra, para así aportar de mejor forma a la toma de decisiones. Más aún, considerando que la desertificación tiene estrecha relación con el desarrollo social. Enfoque Biofísico "Fui convocado para ampliar el análisis desde un punto de vista socioeconómico. El primer Atlas tiene un énfasis biofísico. En esta nueva versión se incorporará una dimensión muy importante respondiendo a interrogantes derivadas de qué pasa con las personas, cuál es el impacto económico que el proceso provoca, cómo influye la emigración, por qué las zonas afectadas suelen ser marginales y pobres, entre otras", explicó. "Éste es un proyecto que se estima llevará alrededor de cinco años, precisó, porque hay que recopilar la información necesaria para generar una visión global de la desertificación. Luego se pretende bajar a la escala local, con estudios de casos que documenten la gravedad del problema de la desertificación y muestren también experiencias exitosas en su combate". Por eso, el siguiente paso a seguir en la elaboración del atlas, en su etapa inicial, será coordinar una nueva reunión en alrededor de diez meses, "una vez que los investigadores hayamos logrado recopilar la información secundaria pertinente, los casos, y sepamos entonces cuáles son los vacíos que hay que llenar". Avanza desertificación en Chile La desertificación en nuestro país uno de los "problemas medio ambientales más graves, pues afecta una gran proporción del territorio, no sólo desde la IV Región al sur sino que también áreas del Norte Grande. Sin embargo aún no se le da la debida atención", advirtió León, asegurando que se trata también de un problema derivado del impacto antrópico relacionado con la sobre explotación de los recursos inducida por el sobre talajeo, y la deforestación, que resultan en erosión. Estos son factores que intensifican la degradación del medio. "Podríamos decir que Chile está comparativamente mejor que otros países, porque de manera indirecta hay herramientas de cuidado ambiental que tocan el tema de la desertificación. No obstante, falta atacar el problema desde la raíz". Ante este escenario "la educación ambiental surge como un tema urgente para crear consciencia. También resulta indispensable recoger el conocimiento local, escuchando las voces de quienes habitan las zonas más afectadas. Y la creación de oportunidades, para reducir los niveles de emigración". Estudios de recursos naturales La Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile ha trabajado por más de 30 años en el estudio de las zonas peráridas, áridas y semiáridas del país, con el objeto de desarrollar modelos de producción rentables, con un enfoque ecosistémico integral para optimizar el aprovechamiento de los recursos naturales y humanos. Para ello cuenta con el Centro de Estudios de Zonas Áridas (CEZA), que dirige el Prof. León, y el Campo Experimental Las Cardas (CELC) dependiente de éste, ubicados en Coquimbo. A lo largo de este período la Facultad ha contribuido con los resultados de múltiples proyectos de investigación a mejorar el manejo de praderas, del ganado caprino, la elaboración de nuevos tipos de quesos de cabra, con nuevas especies frutales con una baja demanda hídrica, etc. Con ello diversos grupos de investigadores han aportado a un mejor conocimiento de los ecosistemas áridos y su manejo racional. Proyectos que complementan el análisis ambiental Actualmente, el Prof. León está involucrado en otros proyectos de investigación. En uno de ellos la Universidad se asoció con la Junta de Vigilancia del Río Maule para generar un modelo de gestión para la calidad del agua de riego. Otro, consiste en un análisis de la calidad del aire durante eventos climáticos extremos en Bogotá, Buenos Aires, Ciudad de México, y Santiago que busca relacionar los efectos de la contaminación en la morbilidad y mortalidad de sus habitantes. Y, finalmente, uno que usa tecnologías espaciales, como imágenes satelitales y sistemas de información geográfica, para la gestión de desastres asociados a eventos climáticos extremos en la agricultura, con equipos de investigación en Argentina, Chile, Cuba, Ecuador, España y Perú.
Revisa las actividades universitarias en la Agenda UniversiaUn aumento en la superficie que sufre desertificación en el mundo da cuenta de que las medidas de protección ambiental deben ser intensificadas. Y Chile no puede ser la excepción, pues parte importante del territorio nacional ya está sufriendo los alcances de este proceso. Para conocer el escenario actual y recabar la información que sea necesaria para la toma decisiones, un equipo de expertos confeccionará un nuevo Atlas Mundial sobre el fenómeno. La degradación de las tierras áridas, semiáridas y zonas subhúmedas secas por los efectos de las variaciones climáticas y las actividades humanas como el cultivo y el pastoreo excesivo, la deforestación y la falta de riego es un fenómeno que avanza en el mundo, conocido como desertificación. Un proceso paulatino que alerta sobre la vulnerabilidad de los ecosistemas a la sobreexplotación y al uso inapropiado de los suelos. Atento a este fenómeno que involucra a localidades de nuestro país entre las afectadas, el académico del Departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Renovables de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, Alejandro León, integra el equipo que desarrollará una nueva versión del Atlas Mundial de la Desertificación. Se trata del único experto chileno invitado a la reunión que, en junio, sentó las bases de este proyecto en el Centro Conjunto de Investigación de la Comisión Europea, ubicado en Ispra, Italia. Tal encuentro contó con la participación de investigadores de: Estados Unidos, China, Australia, Holanda, Alemania, Italia, Portugal, Turquía, Camerún, Burkina Faso, Namibia, el Instituto para el Ambiente y la Sustentabilidad de la Comisión Europea y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. En éste se avanzó en la evaluación del conocimiento científico disponible y en la búsqueda de una metodología consensuada. Ello porque el objetivo del Atlas es registrar los avances del conocimiento en el tema de la degradación de la tierra, para así aportar de mejor forma a la toma de decisiones. Más aún, considerando que la desertificación tiene estrecha relación con el desarrollo social. Enfoque Biofísico "Fui convocado para ampliar el análisis desde un punto de vista socioeconómico. El primer Atlas tiene un énfasis biofísico. En esta nueva versión se incorporará una dimensión muy importante respondiendo a interrogantes derivadas de qué pasa con las personas, cuál es el impacto económico que el proceso provoca, cómo influye la emigración, por qué las zonas afectadas suelen ser marginales y pobres, entre otras", explicó. "Éste es un proyecto que se estima llevará alrededor de cinco años, precisó, porque hay que recopilar la información necesaria para generar una visión global de la desertificación. Luego se pretende bajar a la escala local, con estudios de casos que documenten la gravedad del problema de la desertificación y muestren también experiencias exitosas en su combate". Por eso, el siguiente paso a seguir en la elaboración del atlas, en su etapa inicial, será coordinar una nueva reunión en alrededor de diez meses, "una vez que los investigadores hayamos logrado recopilar la información secundaria pertinente, los casos, y sepamos entonces cuáles son los vacíos que hay que llenar". Avanza desertificación en Chile La desertificación en nuestro país uno de los "problemas medio ambientales más graves, pues afecta una gran proporción del territorio, no sólo desde la IV Región al sur sino que también áreas del Norte Grande. Sin embargo aún no se le da la debida atención", advirtió León, asegurando que se trata también de un problema derivado del impacto antrópico relacionado con la sobre explotación de los recursos inducida por el sobre talajeo, y la deforestación, que resultan en erosión. Estos son factores que intensifican la degradación del medio. "Podríamos decir que Chile está comparativamente mejor que otros países, porque de manera indirecta hay herramientas de cuidado ambiental que tocan el tema de la desertificación. No obstante, falta atacar el problema desde la raíz". Ante este escenario "la educación ambiental surge como un tema urgente para crear consciencia. También resulta indispensable recoger el conocimiento local, escuchando las voces de quienes habitan las zonas más afectadas. Y la creación de oportunidades, para reducir los niveles de emigración". Estudios de recursos naturales La Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile ha trabajado por más de 30 años en el estudio de las zonas peráridas, áridas y semiáridas del país, con el objeto de desarrollar modelos de producción rentables, con un enfoque ecosistémico integral para optimizar el aprovechamiento de los recursos naturales y humanos. Para ello cuenta con el Centro de Estudios de Zonas Áridas (CEZA), que dirige el Prof. León, y el Campo Experimental Las Cardas (CELC) dependiente de éste, ubicados en Coquimbo. A lo largo de este período la Facultad ha contribuido con los resultados de múltiples proyectos de investigación a mejorar el manejo de praderas, del ganado caprino, la elaboración de nuevos tipos de quesos de cabra, con nuevas especies frutales con una baja demanda hídrica, etc. Con ello diversos grupos de investigadores han aportado a un mejor conocimiento de los ecosistemas áridos y su manejo racional. Proyectos que complementan el análisis ambiental Actualmente, el Prof. León está involucrado en otros proyectos de investigación. En uno de ellos la Universidad se asoció con la Junta de Vigilancia del Río Maule para generar un modelo de gestión para la calidad del agua de riego. Otro, consiste en un análisis de la calidad del aire durante eventos climáticos extremos en Bogotá, Buenos Aires, Ciudad de México, y Santiago que busca relacionar los efectos de la contaminación en la morbilidad y mortalidad de sus habitantes. Y, finalmente, uno que usa tecnologías espaciales, como imágenes satelitales y sistemas de información geográfica, para la gestión de desastres asociados a eventos climáticos extremos en la agricultura, con equipos de investigación en Argentina, Chile, Cuba, Ecuador, España y Perú.
miércoles, 15 de julio de 2009
La energía termosolar podrá abastecer la cuarta parte de la electricidad mundial en 2050, según un estudio
Las inversiones en la energía termosolar superarán este año los dos mil millones de euros y podrían generar unos ingresos de 20.800 millones, además de crear 90.000 empleos en el mundo para 2015. Además esta tecnolgía hará posible que en el año 2050 la cuarta parte de la electricidad en el mundo en 2050 sea abastecida por ésta energía.
Éstos son algunos de los datos que se desprenden del informe «Energía Solar Térmica de Concentración: Perspectiva mundial 2009». Elaborado por especialistas de Greenpeace junto con la Asociación Europea de la Energía Solar Termoeléctrica (Estela) y el programa Solar Paces de la Agencia Internacional de la Energía. El estudio muestra que la energía solar térmica de concentración (ESTC) podría llegar a cubrir el 7 por ciento de la demanda eléctrica mundial en 2030 y más de la cuarta parte para 2050.
«La energía termosolar es la nueva gran protagonista de la revolución energética. Primero fue la eólica, después la fotovoltaica y ahora las centrales solares termoeléctricas ya están aquí para producir a gran escala y a todas horas electricidad renovable, limpia, autóctona y con garantía de suministro», ha declarado José Luis García Ortega, responsable de la campaña de Cambio Climático y Energía de Greenpeace.
Gracias a esta tecnología, se podrían ahorrar 4.700 millones de toneladas de CO2 al año para 2050, es decir, un 20 por ciento de todas las emisiones que hay que reducir en el sector energético para salvar el clima. Bastaría con una superficie equivalente al 0,5 por ciento de todos los desiertos, o a la de Andalucía y Cataluña, para producir toda la electricidad consumida en el mundo actualmente.
España está a la cabeza de la rápida expansión en los últimos años de esta industria, con 14.231 MW en proyectos, de los cuales 132 MW ya generan electricidad. Desde las primeras centrales comerciales que se instalaron hace más de veinte años en California, la experiencia e investigación en estos años ha logrado centrales más eficientes, de forma que a día de hoy son una alternativa directa a las centrales térmicas o nucleares.
Además de la cantidad de energía que pueden producir, las centrales solares termoeléctricas tienen la gran ventaja de que pueden seguir funcionando aunque no haya sol, ya que pueden almacenar la energía en forma de calor, o bien operar en combinación con otras energías renovables, como el biogás.
Éstos son algunos de los datos que se desprenden del informe «Energía Solar Térmica de Concentración: Perspectiva mundial 2009». Elaborado por especialistas de Greenpeace junto con la Asociación Europea de la Energía Solar Termoeléctrica (Estela) y el programa Solar Paces de la Agencia Internacional de la Energía. El estudio muestra que la energía solar térmica de concentración (ESTC) podría llegar a cubrir el 7 por ciento de la demanda eléctrica mundial en 2030 y más de la cuarta parte para 2050.
«La energía termosolar es la nueva gran protagonista de la revolución energética. Primero fue la eólica, después la fotovoltaica y ahora las centrales solares termoeléctricas ya están aquí para producir a gran escala y a todas horas electricidad renovable, limpia, autóctona y con garantía de suministro», ha declarado José Luis García Ortega, responsable de la campaña de Cambio Climático y Energía de Greenpeace.
Gracias a esta tecnología, se podrían ahorrar 4.700 millones de toneladas de CO2 al año para 2050, es decir, un 20 por ciento de todas las emisiones que hay que reducir en el sector energético para salvar el clima. Bastaría con una superficie equivalente al 0,5 por ciento de todos los desiertos, o a la de Andalucía y Cataluña, para producir toda la electricidad consumida en el mundo actualmente.
España está a la cabeza de la rápida expansión en los últimos años de esta industria, con 14.231 MW en proyectos, de los cuales 132 MW ya generan electricidad. Desde las primeras centrales comerciales que se instalaron hace más de veinte años en California, la experiencia e investigación en estos años ha logrado centrales más eficientes, de forma que a día de hoy son una alternativa directa a las centrales térmicas o nucleares.
Además de la cantidad de energía que pueden producir, las centrales solares termoeléctricas tienen la gran ventaja de que pueden seguir funcionando aunque no haya sol, ya que pueden almacenar la energía en forma de calor, o bien operar en combinación con otras energías renovables, como el biogás.
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