jueves, 29 de octubre de 2009

Los 10 desiertos más bellos del mundo

Formaciones de otros mundos en los paisajes terrestres
Los desiertos son travesías de vida o muerte, un contraste permanente. Luz en el día, oscuridad en la noche. La tierra arde bajo el sol pero se vuelve fría como el acero a partir del crepúsculo.
La vida, preparada para condiciones extremas, se abre paso durante la jornada diurna a escasos centímetros por debajo de la arena, con la llegada de la noche y el frío un mundo animal único florece; felinos, búhos, antílopes...
Es una tarea difícil para un humano soportar las extremas condiciones del desierto, pero eso no impide que nos asombre la belleza de sus paisajes, propios de otros mundos.
Los ingredientes principales del desierto son calor, sol y arena, pero en ocasiones la naturaleza nos brinda singularidades en sus aparentemente monótonos paisajes.
Se ha desarrollado un top 10 de los desiertos con las formas más bellas y extrañas del planeta Tierra:

*El Cráter Kebira (31km de diámetro), en el desierto del Sahara (Egipto y Libia).
*Fraser Island (Isla Fraser), costa este de Australia.
*Monument Valley (Valle de los monumentos) en Utah (EEUU).
*Desierto de Atacama, Chile.
*La costa esqueleto del desierto del Namib (Angola y Namibia)
*Pueblo del Oeste en el desierto de Almería (España).
*El 'Cuarto Vacío' en Arabia Saudí.
*Dunas de arena Khongoryn Els ("Las dunas cantoras") en Mongolia.
*Valle de la muerte en California (EEUU).
*Los valles secos de la Antártida en McMurdo (Antártida
).

miércoles, 21 de octubre de 2009

“Argentina es el país de las tierras secas”

En el afán por cuestionar los grandes mitos nacionales, Página/12 se ocupó esta vez del que tal vez sea el mito nacional por excelencia: el de la Argentina como país de tierras fértiles, donde alcanza con tirar una semilla para que emerja todo tipo de cultivos. Elena Abraham, especialista en desertificación, propone que reconocer la aridez de la mayor parte de nuestro territorio es condición indispensable para alcanzar un mejor desarrollo productivo.

Por Leonardo Moledo y Nicolás Olszevicki

–Entre el 21 de septiembre y el 2 de octubre se realizó en Buenos Aires la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (Cnuld), de la que usted participó. Lo curioso es que si uno se pusiera a preguntarle a la gente, en general diría que la desertificación no tiene nada que ver con nosotros. Aprovechando que tengo enfrente a la persona que, según los rumores, más sabe de desiertos en Argentina, pregunto: ¿Por qué nos importa la desertificación?
–Justamente porque es necesario entender y transmitir que la Argentina no es el país de las vacas, aquel al que le cantaba Lugones con su “Oda a los ganados y las mieses”, sino que es el país de las tierras secas.
–Desierto...
–Tierras secas es un concepto más amplio que desierto, porque al decir desierto estamos pensando en un concepto que tiene mucha fuerza desde el punto de vista de la comunicación: viene del latín “desertare”, que significa un lugar sin gente, inhabitado, que no tiene soporte para la vida. Eso se sostiene sólo sobre la etimología de la palabra, pero en realidad no es así, porque si nosotros nos fijamos en lo que han significado los desiertos para la historia de la humanidad, los desiertos son los lugares donde nace la civilización.
–¿Piensa, por ejemplo, en el desierto del Sahara?
–En general. Las civilizaciones nacen en los lugares más favorables dentro de los desiertos. Lo que hay que entender cuando uno habla de desiertos es que no estamos hablando de un gran ambiente, de un gran sistema, sino de una cantidad de condiciones enormemente variables.
–Porque la civilización, en su primer estadio, es la lucha contra el desierto: canalizar, regar... Ahora, usted decía que la Argentina es el país de las tierras secas. ¿Qué porcentaje del país es seco?
–El 75 por ciento.
–¿El 75 por ciento?
–El 75 por ciento tiene condiciones de sequedad, en mayor o en menor grado.
–Es increíble... ¿Y qué significa eso?
–En primer lugar, que tenemos un país que le da la espalda a su realidad. Porque un país que no reconoce que su territorio tiene condiciones áridas es un país que no está pensando realmente en sus recursos, en sus potencialidades y en sus problemas. A través de la historia, hemos elaborado un modelo de país, una figurita (la del país exportador de productos agrícola-ganaderos) que no se corresponde con la realidad.
–El país de las vacas y las mieses...
–Y de esta manera dejamos de trabajar con lo que verdaderamente tenemos: con nuestra gente, con nuestras posibilidades, con nuestros recursos. Solucionar este problema es el objetivo que se propuso el Iadiza (Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Aridas), que hace cuarenta años empezó como un esfuerzo provincial, nacido en Mendoza. Desde entonces hemos estado trabajando con todas las características que tienen los ambientes secos, tanto las naturales como las sociales, tanto las de investigación como las de transferencia, como las de aplicación, como las de tecnología, como las de docencia...
–¿Qué es lo que se puede sacar del desierto? Mendoza, por ejemplo, es un desierto sobre el que se consiguió, a fuerza de trabajo, sacar muchas cosas. Hay una cultura del trabajo que en otros lugares, donde los cultivos crecen solos, no existe. Lo que se obtiene en Mendoza proviene de los oasis, ¿o no?
–Esa es la imagen, pero también la cultura del trabajo tiene que ver mucho con la filosofía del inmigrante. El oasis es lo construido. Pero nuestro objetivo, justamente, es descubrir todo lo que está detrás de lo que es lo más visible, o sea, todo lo que está por fuera del oasis.
–Hay como dos direcciones posibles de desarrollo. Una sería extender el oasis. La otra es hacer producir el desierto. Lo que uno pensaría usando el sentido común, que no necesariamente dice la verdad, es que habría que extender el oasis.
–Yo pienso que una cosa no va contra la otra. Como en todo, son cuestiones complementarias. La idea es tratar de encontrar el modo de lograr un desierto productivo, con sustentabilidad, que se complemente con las actividades que se realizan en el oasis. La idea es superar la relación de competencia o de parasitismo que ha sido imperante hasta el momento. Hasta hoy lo que ha pasado es que con la lógica de apropiación de los recursos naturales, el capital natural y social del desierto se ha puesto al servicio de la concentración del poder en la zona del oasis.
–¿Y entonces?
–Nosotros pensamos que el desierto tiene capacidad productiva siempre y cuando respetemos sus reglas. No se trata de luchar contra el desierto, sino de vivir en el desierto. Eso conlleva muchos desafíos para el investigador. El primero es charlar con la gente que aún vive en el desierto para recuperar conocimientos tradicionales. El segundo es tratar de mejorar con alternativas tecnológicas y de conocimiento los medios de producción...
–¿Qué proporción de la población de Mendoza vive en el desierto?
–No tengo el dato específico. En las ciudades tenemos densidades de población de aproximadamente 300 habitantes por kilómetro cuadrado. En el desierto, la densidad baja a medio habitante por kilómetro cuadrado. Está prácticamente deshabitado. La gente, en el desierto, se nuclea en pequeñas concentraciones humanas y va disponiendo su actividad en relación con los modos de producción. En este caso, nosotros tenemos un desierto que se basa en la producción ganadera.
–¿Pero qué producción...?
–En el norte de Mendoza, en la zona árida más importante (el desierto de Lavalle), es una ganadería menor, de subsistencia. En el centro, donde el clima es más favorable, tenemos una ganadería mayor. Una de las líneas que trabajamos, entonces, es la de una producción ganadera sustentable, tanto de cabras como de ganado mayor.
–¿Y a qué va eso?
–Va a que en el desierto, las comunidades trabajan con rodeos que están en malas condiciones desde el punto de vista sanitario y con una sobrecarga de animales en relación con la capacidad de carga del sistema. Esto ocurre porque están respondiendo a una lógica de subsistencia, en la que se producen fundamentalmente cabritos. Acá hay un desafío muy fuerte, que es trabajar con todas las gradaciones de la aridez. Nosotros nos hemos centrado en la zona con mayores restricciones, la zona más árida de todas.
–¿El desierto está estabilizado? ¿O cada vez hay más desierto?
–Es cada vez más desierto, porque está sometido a los procesos de desertificación (palabra que proviene del latín, también, y que significa “hacer desiertos”). Se están haciendo desiertos por el mal uso de los recursos del desierto. Ese proceso está amenazando la productividad de prácticamente todas las tierras secas del mundo y responde a razones políticas, culturales, económicas. La desertificación es un fenómeno que sólo se puede entender mediante la teoría de los sistemas complejos, interdisciplinariamente.
–¿Y cuáles son las causas de esa desertificación?
–En la base de estos procesos naturales está la restricción del aporte de recursos hídricos: bajas precipitaciones, sequías recurrentes, empobrecimiento de los suelos, degradación de las tierras, escasez de las tierras, talas indiscriminadas que terminan con bosques secos (que, al ser de muy lento crecimiento, tardan siglos en recuperarse). Eso es lo que está pasando en el Chaco, y pasó en Mendoza hace cien años. Es un proceso que está vivo, que comienza con las maderas de mayor interés y termina con todo.
–Usted dijo que el 75 por ciento de las tierras son tierras secas. ¿Todas esas tierras secas son consecuencia del mal uso por parte del hombre?
–Tenemos que diferenciar las tierras secas que se dan por condiciones climáticas de las tierras secas afectadas por procesos de desertificación, que degradan las tierras y las tornan improductivas. Muchas tierras son naturalmente capaces, pero las hemos ido degradando a lo largo del tiempo, a través de procesos como la tala del bosque, el sobrepastoreo, la actividad minera, la actividad petrolera, el crecimiento de los grandes núcleos urbanos, la expansión de la frontera agropecuaria... y es uno de los mecanismos más fuertes que tenemos en este momento de producción de desertificación.
–¿Por qué?
–Porque se va talando la vegetación natural para implementar el cultivo. Anteriormente era algodón, ahora es soja. Siempre el monocultivo va atentando contra la diversidad biológica y social.
–Si la tala se llevara a cabo no para implementar un monocultivo, sino un policultivo... ¿qué pasaría? Digo: si yo pudiera regar el desierto, expandir la frontera agrícola de manera razonable (en el sentido de no implantar el monocultivo) la gente viviría mejor en el desierto.
–Usted ha dicho la palabra mágica: razonable. Tiene que ser de una manera planificada y basada en el conocimiento. Nadie está en contra de la transformación del sistema para producir actividades que tengan que ver con el uso del suelo y con un mejor aprovechamiento económico. Pero se puede hacer de muchas maneras, y hay algunas que son menos dañinas que otras, tanto para el sistema como para los grupos sociales.
–¿Hay maneras de transformar desierto en oasis?
–La historia nos dice que sí. Incluso se puede decir que es uno de los elementos del uso del suelo que no podemos olvidar.
–¿Y eso es bueno?
–Es bueno transformar el desierto en oasis, pero manteniendo la diversidad del desierto, conservando las distintas vocaciones que tienen los distintos ambientes y las distintas poblaciones para producir. El oasis no es el único modo de producción que puede haber en un desierto. Tiene que ser complementario con otro tipo de usos del suelo y tipos de modo de vida que existen en ambientes que no son precisamente el oasis.
–¿Por ejemplo?
–Por ejemplo: nosotros tenemos el oasis norte de Mendoza, que es el polo vitivinícola, pero a su vez eso está rodeado por un desierto. Todo el desierto que rodea al oasis no es una zona uniforme: tiene distintas condiciones, distintas potencialidades, que son las que hay que tratar de desarrollar para que ese territorio cumpla con toda su vocación. En el norte de Mendoza tenemos una zona que puede ser agro-silvo-pastoril, en donde podemos reimplantar el bosque, en donde podemos entregarle a la gente tecnologías para producir leche de cabra, carne, podemos hasta llegar a implementar una articulación del territorio a través de unidades productivas que al mismo tiempo conserven el sistema y le permitan a la gente tener mayores posibilidades de ingresos e insertarse en los circuitos económicos (evitando caer en condiciones de pobreza y marginalidad). A lo que apunto es a que, con muy poco esfuerzo, se pueden desarrollar modelos alternativos de desarrollo del árido, que tienen que ver con potenciar los recursos endógenos del territorio y devolverle su capital natural y social, para que estén en condiciones de competir con otros territorios que históricamente han sido más beneficiados.
–¿Eso es posible o es una utopía?
–Nosotros estamos convencidos de que es posible, y estamos trabajando desde hace mucho tiempo para desarrollar el modelo. Ahora lo estamos implementando con comunidades del desierto en unidades de producción y servicio, dado que la única manera de convencer a quienes toman las decisiones es que los resultados se vean. El asunto es que el desierto, con inversiones (tanto de conocimiento como de capital) y con el sentido de desarrollo, se puede transformar hasta donde uno quiera. Habría que pensar, también, qué modelo de desarrollo queremos.
–Bueno, eso es lo que siempre se dice.
–Pero no por eso es menos cierto. ¿Queremos un desierto transformado hasta el infinito, como ocurre en la ciudad de Las Vegas, donde todo gira alrededor de algo totalmente industrializado que, cuando caiga, va a volver a ser desierto? ¿O queremos un desierto más acorde con su real potencialidad y con sus recursos endógenos que, con algo de inversión de capital, pueda desarrollar sus potencialidades?
–Hay un ejemplo de transformación del desierto, que es el de Israel...
–Para ellos fue un poco más simple, porque el territorio que tienen es muy pequeño. Uno de los problemas que tenemos acá es que el territorio a transformar es enorme. Además, somos un país en vías de desarrollo, sin grandes capitales y que, por si fuera poco, ignora el desierto. Sospecho que hay otro problema. En el desierto no solamente hay pocos árboles, sino que también hay pocos votos.

jueves, 15 de octubre de 2009

África: un muro verde contra el desierto

Actualmente, un tercio de la población mundial se ve afectada por la expansión de los desiertos. Un 40 % de las tierras son áridas, y la desertificación avanza a un ritmo alarmante. Sudamérica, Medio Oriente y Asia Central serán algunas de las regiones afectadas. Pero la que más sufrirá los efectos de la desertificación es África. Mientras las potencias se niegan a ampliar los presupuestos mundiales para tratar este problema, el desierto del Sahara avanza desenfrenadamente obligando a poblaciones enteras a desplazarse ante la llegada de la arena. Una muralla de árboles de más de 7.500 kilómetros para contenerlo, parece ser la única esperanza.


África va a ser el continente más afectado por la desertificación en los próximos años

La alarmante expansión del desierto del Sahara amenaza la fertilidad de las tierras africanas y pone en peligro a millones de personas que deberían desplazarse en los próximos años para poder proveerse de agua y alimentos.
A fines del mes pasado, el gobierno de Senegal presentó una propuesta ante las Naciones Unidas denominada “la muralla verde”. Este proyecto consiste en plantar una barrera de árboles desde Dakar, la capital senegalesa situada a orillas del Atlántico, hasta Yibuti, que se encuentra sobre el Mar Rojo en el otro extremo del continente.
Esta franja boscosa tendría unos 7.500 kilómetros de longitud y unos 15 kilómetros de ancho y estaría situada a las puertas del desierto del Sahara en la región denominada Sahel. El gobierno senegalés ya avanzó en la propuesta y lleva plantados unos 525 kilómetros de árboles. En tanto, los gobiernos de Mali y Chad confirmaron su participación en el proyecto.
Como complemento, algunos arquitectos de la Universidad de California sugirieron solidificar el límite sur del desierto antes de la barrera de árboles, para evitar aun más el avance del Sahara.
La solidificación se efectuaría a través de la inoculación de la bacteria Bacillus Pasteurii en las dunas, ya que convierte la arena en calcita, que es sólida como el cemento. Esta propuesta fue bien recibida en las Naciones Unidas, debido a que algunos detractores de la muralla verde afirman que los árboles podrían ser talados ilegalmente para utilizar la madera como combustible.
El proyecto de la muralla verde en conjunto con la solidificación de la arena, también contempla la posibilidad de crear grandes reservorios de agua de lluvia que podrían llenarse durante las estaciones húmedas para que sean aprovechados durante la época de sequía, que es la mayor parte del año.

DESENCUENTROS EN BUENOS AIRES

A fines de septiembre se desarrolló, en la capital argentina, la Convención de Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación, a la que concurrieron representantes de 193 países.
Las impresionantes conclusiones allí expuestas, luego de varios estudios ambientales, demuestran que el tiempo es uno de los peores enemigos de los terrenos fértiles, ya que el avance de la desertificación deteriora el 1 % de las tierras cultivables por año.Actualmente, un tercio de la población mundial se ve afectada por la expansión de los desiertos.
Un 40 % de las tierras son áridas, esto significa que la desertificación avanzó entre un 15 y un 25 % desde 1990. Si este ritmo se mantuviera constante, para 2025, el porcentaje de tierras áridas sería del 70 %, de acuerdo con uno de los informes presentados en la Convención.
África va a ser el continente más afectado por la desertificación. Pero, no va a haber que esperar 15 años para comenzar a percibir los efectos, ya que por ejemplo el pueblo de Gidan-Kara, en Níger tuvo que ser evacuado y sus pobladores relocalizados en otras ciudades, por causa de la expansión del Sahara.
Senegal, que es el principal interesado en la muralla verde, sufre la migración interna. Varios habitantes de pueblos alcanzados por el desierto se ven obligados a buscar refugio en algún barrio periférico de Dakar, en condiciones de miseria y hacinamiento.
A los factores ambientales hay que agregarle la falta de coordinación de medidas comunes entre las potencias y los países en desarrollo. En la convención de Buenos Aires, se acordó un aumento de sólo el 4,3 % del presupuesto para combatir la desertificación, en los próximos dos años.
Una cifra exigua si se tiene en cuenta que los países afectados solicitaron el 39 %.Tanto Japón como Estados Unidos fueron los mayores opositores a la ampliación del presupuesto. Las potencias alegaron que el impedimento más fuerte para aumentar la contribución en defensa de las tierras fértiles es la crisis económica mundial.
Algunos analistas sostienen que los países ricos no sufren directamente la desertificación, ya que este problema se encuentra principalmente en África, Sudamérica, Medio Oriente y Asia Central.
En entrevistas realizadas por diversos medios, el ingeniero argentino Octavio Pérez Pardo, director nacional de Conservación del Suelo y Lucha contra la Desertificación, se mostró decepcionado con el desarrollo de la Convención.
En una de sus denuncias señala que el mundo invirtió unos 226 mil millones de dólares para reducir los gases que provocan el efecto invernadero, sin embargo sólo dedicó 500 millones para la conservación de suelos, bosques y recursos hídricos.
El sinsabor que produjo la falta de consenso en la Convención de Buenos Aires podría llegar a constituir un antecedente de lo que suceda en la cumbre sobre cambio climático que se va a desarrollar en Copenhague en diciembre.
El protocolo que allí se firme va a reemplazar al de Kyoto y va a determinar qué políticas medioambientales se van a llevar a cabo para revertir los efectos devastadores que están afectando a la humanidad y a la biodiversidad de nuestro planeta.

miércoles, 7 de octubre de 2009

La desertificación sigue sin freno

Dos semanas de debates en Buenos Aires apenas han hecho avanzar la lucha internacional contra la desertificación. El sábado concluyó la novena conferencia de la Convención de la ONU de Lucha contra la Desertificación. El único logro ha sido definir una lista de once indicadores que ayudarán a evaluar y objetivar la dimensión del problema medioambiental antes de tomar acciones. Sin embargo, los debates demostraron cómo la degradación de los suelos y la pérdida de tierra fértil son una amenaza para la seguridad alimentaria en los países en desarrollo y un foco de refugiados por causas ambientales.

El hombre agrava la degradación del suelo

La desertificación es un proceso de degradación que hace que terrenos áridos o semiáridos pero sin las condiciones climáticas de los desiertos terminen teniendo las características de estos. La erosión del suelo (por el viento o el agua), la destrucción del suelo fértil y la sobreexplotación humana (pastoreo excesivo, extracción de las aguas subterráneas o deforestación) son las principales causas. El hombre, pues, puede hacer avanzar el desierto.
En el orden práctico, lo más relevante fue el acuerdo de poner en marcha once indicadores para medir la desertificación; pero sólo dos deberán ser instaurados en los países firmantes los próximos dos años, mientras que los otros nueve serán de cumplimiento voluntario.
Los dos indicadores obligatorios son el porcentaje de población que vive por debajo de la línea de la pobreza en las áreas afectadas por la desertificación y el estado de cobertura vegetal del suelo. A diferencia del protocolo de Kioto, que fija metas de reducción de gases cuantificables, el convenio de lucha contra la desertificación carece de objetivos claros.
Y como sucede en estos casos, la imagen que quiso transmitir la secretaría de la cumbre fue mucho más optimista que la realidad.
"Esto es una buena noticia y un éxito revolucionario de esta convención", declaró el secretario ejecutivo de la convención, Luc Gnacadja, tras la clausura.
"Para describir un elefante, se debe acordar cómo se ve un elefante", explicó Gnacadja.
"Lo mismo pasa con la desertificación, la degradación de los suelos y la sequía. Los países deben acordar de qué se trata antes poder monitorear tendencias en estos procesos", añadió en un comunicado. El asunto que generó esa demora fue el presupuesto de funcionamiento de la secretaría y de estas conferencias. Se aprobó un incremento de poco más del 4% del presupuesto, que será de 11,2 millones de euros para los próximos dos años.
Ese dinero no va directamente a proyectos para frenar la desertificación, sino a mantener la gran maquinaria burocrática de funcionamiento de la convención.
El escaso rango político de lo representantes en la cumbre fue muy elocuente.
España, país gravemente afectado por el problema y donante de ayuda a la conferencia, envió al subdirector general de Política Forestal y Desertificación, José Antonio González Martín, algo que contrasta con el empuje dado por el Gobierno hace dos años, cuando acogió en Madrid la octava cumbre de la conferencia con Cristina Narbona como ministra. Unas cuarenta ONG emitieron un duro comunicado donde calificaron la cumbre de desertificación como la "hermana pobre" de las tres convenciones de la ONU sobre medio ambiente.
Las otras son las reuniones de cambio climático y la de biodiversidad.
Las ONG destacaron también el "escaso compromiso" de los gobiernos.
"No sólo no se avanza en el combate, sino que ni tan siquiera se han conseguido establecer indicadores suficientes para evaluar el estado mundial y la evolución del problema".
Dos tercios del planeta se verán afectados por la desertificación en el 2025 si no se aplican estrategias paliativas mientras que un 40% de la superficie terrestre ya es seca. La desertificación ha aumentado entre un 15% y un 25% desde 1990.
En la conferencia se apuntó que la reciente crisis alimentaria se debe, entre otros factores, a una caída de la productividad, fruto a su vez de la degradación de los suelos, según dijo Zafar Adeel, director de la Red Internacional de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas. La ministra de Medio Ambiente de Namibia, Netumbo Nandi-Ndaitwah. propuso que "para evitar la degradación del suelo se debería ir a las comunidades rurales, informarse y, a partir de esa experiencia, actuar". Y Adeel relacionó desertificación y cambio climático.
Si se reduce la productividad de la tierra, baja el secuestro de carbono, lo que agrava el calentamiento.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Sequía continúa golpeando a México

El director del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACM), Ramón Aguirre, informó que los embalses que abastecen a la capital del país están en sus niveles más bajos históricamente.
México atraviesa la peor sequía de los últimos 70 años, pero las lluvias de las últimas semanas confundieron a la población, subrayó el funcionario.Dijo que por ese motivo la venta de accesorios y productos ahorradores de agua bajó un 80 por ciento, mientras la población está regresando a los anteriores niveles de consumo.
Sobre la reducción del abasto en algunas zonas del Distrito Federal, expresó que es obligatorio reducir el consumo un 30 por ciento este año, para evitar escasez en la capital durante el estiaje (etapa de más bajos niveles del líquido) del 2010.Al respecto, recordó que en enero se decidirá si disminuye o aumenta el recorte del suministro.
Lo más que puede pasar en cuanto a la reducción del corte es que en vez del 30 por ciento sea de 20 o 15 por ciento, pero está claro que nos va a faltar agua en el 2010, y si el incremento en la demanda ocurre como se da en todos los estiajes, podemos tener problemas muy serios, alertó.
Respecto a la necesidad de implementar acciones como las de otros países en el Valle de México, aseguró que es necesario utilizar agua potable para uso urbano exclusivamente, y aguas residuales tratadas para uso agrícola.
La agricultura ha sido uno de los sectores más afectados por la sequía, que ha ocasionado la pérdida de casi la mitad de la producción de maíz y frijol.Por tal motivo, el sector agrícola prevé un desabasto de alimentos para 2010, aunque esto es negado por las autoridades federales.

lunes, 21 de septiembre de 2009

El desierto extremo

El desierto más árido del mundo está en el norte de Chile. Pero su aridez significa la belleza de una naturaleza imponente, donde parecen darse cita todos los extremos.

Bienvenidos a Atacama.

Atacama suena seco, tajante. Y desconocido. Tal vez los nombres no sean, entonces, tan arbitrarios como permite imaginar un recorrido al azar de los mapas. Porque bien le suena esta sucesión de vocales iguales al desierto más árido del mundo, esa franja de tierra que está entre dos ríos, el Copiapó y el Loa, y entre la cordillera de los Andes y el Pacífico, como un recordatorio de que hay lugares de la Tierra donde aún la naturaleza manda. Con todos sus extremos, Atacama es una región deslumbrante, hermana de desiertos como el del Kalahari o el outback australiano, dueña de fronteras que sólo pueden ver las aves. A la altura de los hombres, hay que rendirse a los límites que imponen la lejanía, la altura, la soledad.

EL LUGAR ETERNO

No es casualidad que en esta región del mundo sea la cuna del desierto. Explica la ciencia que la conjunción de los vientos, los anticiclones del Pacífico, la corriente fría de Humboldt, la contención monumental de la cordillera y la altura del altiplano se conjugan en esta parte del norte chileno para formar estas tierras extremadamente áridas, de una amplitud térmica brutal y paisajes excepcionales, testigos de períodos de 300 años sin lluvia alguna.
Son medidas que exceden las escalas de la vida humana y estos excesos de la naturaleza son los que dan la bienvenida al viajero que llega en busca de descubrir estas misteriosas tierras de Atacama.
La sequedad casi total y el viento, que puede alcanzar decenas de kilómetros por hora sin obstáculos que frenen su carrera, son los primeros que se hacen sentir.

Y junto con ellos el frío, de hasta 25 grados bajo cero; y el sol, que sube la temperatura al mediodía hasta los 30 a la sombra. No extraña entonces el viejo apodo, el “despoblado” de Atacama, como se lo conocía en la época colonial. Ni extraña que esta geografía haya deslumbrado durante el Rally Dakar, acostumbrado sin embargo a extremos, aventuras y tierras inhóspitas.

PAISAJES DE OTRO MUNDO

Mucho antes de que los telescopios espaciales permitieran echar una mirada a las superficies de otros mundos, el Valle de Marte del desierto atacameño ya había sido bautizado. Bastaba con los ojos de la imaginación para darles nombre a estas sucesiones rocosas que otros, más ominosamente, llaman también el Valle de la Muerte.

Del rojo al ocre, pasando por el blanco, están todos los matices que el suelo árido puede crear, destacados contra un cielo azul profundo. Este valle montañoso y arenoso a la vez, situado en la cordillera de la Sal, está cerca de San Pedro de Atacama, el principal punto de partida de las excursiones por el desierto. Hacia el oeste del pueblo, también en la cordillera de la Sal se abre el Valle de la Luna, que forma parte de la Reserva Nacional Los Flamencos.
La piedra, la arena y la sal petrificada dibujan relieves que recuerdan los cráteres lunares, evocando las formas caprichosas de un mundo desconocido o historias bíblicas dignas del mito: aquí no parecería tan extraño darse vuelta y encontrarse con la mujer de Lot convertida en estatua dentro de las curiosas cavernas de sal cercanas al volcán Licancabur, que forma frontera entre Chile y Bolivia. Al pie del volcán, la espectacular Laguna Verde deslumbra por la intensidad de su color y su colonia de flamencos, abriendo una inesperada ventana de vida en medio del desierto.

AGUA EN LAS ENTRAÑAS DE LA TIERRA

La soledad y el silencio de Atacama no deben hacer olvidar que, a pesar de la superficie aparentemente inmóvil, en este mundo de piedra subyace una actividad intensa. Partiendo muy temprano por la mañana

aquí todo es tan inmenso e inaccesible que no existen las distancias cortas se llega a lo alto de un campo geotérmico situado en la cordillera de los Andes: y de pronto, en la superficie de la tierra se abren los géiseres más altos del mundo, como bocas que intentaran respirar a más de 4000 metros, donde el oxígeno escasea y el cielo parece un techo transparente al alcance de la mano. Son los géiseres del Tatio, cuyos cráteres a altas temperaturas generan las fumarolas, visibles a la distancia como difusas siluetas fantasmales.

Así afloran a la superficie los ríos subterráneos de agua caliente del volcán Tatio, volcados en la forma de vapor y barro ardiente, como si Hades hubiera vuelto a la Tierra en busca de Perséfone y lo acompañaran en su viaje los aires del infierno.
Al regresar de los géiseres, la naturaleza se muestra en un costado más plácido. Las vicuñas pastan a lo lejos, ágiles y temerosas, y pronto aparecen en el corazón de una quebrada brusca las termas de Puritama, invitando a tomar un baño de aguas calientes sumergido en el corazón del desierto.

El lugar es de rara belleza: un sitio donde cambiarse y algunas pasarelas de madera, rodeadas de vegetación, conducen hasta una pileta natural de ocho metros de diámetro, donde las aguas brotan a 30 y forman un oasis tan reparador como exquisito.

Las termas están ahora bajo la administración del Hotel Explora, un establecimiento ecológico y de lujo situado sobre una propiedad de 18 hectáreas cerca de San Pedro de Atacama.

SAN PEDRO DE ATACAMA
A la ida y a la vuelta, temprano por la mañana o cuando ya atardece, San Pedro de Atacama es más que un simple punto de partida o de llegada en las exploraciones del desierto, la cordillera y los salares. El pueblito, un oasis en el altiplano, rodeado de las altas cumbres de los Andes, tiene unos 5000 habitantes y casi otros tantos visitantes a lo largo de todo el año, llegados de todas partes del mundo para sentir la experiencia de una vida conectada con las fuerzas más esenciales de la naturaleza. Su presencia provoca un contraste curioso entre las familias que se dedican a la agricultura tradicional y la profusión de restaurantes, agencias de viajes y locutorios que vienen de la mano del turismo: pero la fusión está bien lograda y el cosmopolitismo atacameño es tan particular como atractivo.
Además, San Pedro de Atacama es un centro arqueológico clave para descifrar la historia de los pueblos que se establecieron en el extremo norte de Chile hace miles de años, desafiando las inclemencias de la Puna y convirtiéndola en el centro de la “cultura San Pedro”.
A ellos se les deben las primeras terrazas de cultivo en los cerros, el desarrollo de una agricultura a base de maíz, quinoa, calabaza, papas, tunas y porotos, el comienzo de la ganadería y la explotación de carne y lana de llama y alpacas. Poco a poco, también desarrollaron formas de arte y artesanía en cerámica, tejidos, tallados en madera y en metales como el cobre y el bronce.
El paseo por el pueblo tiene varios lugares imperdibles: la iglesia local, con su muro de adobe y sus puertas con arcos, data del siglo XVIII y es una auténtica postal del altiplano. La construcción más antigua, sin embargo, es la “casa incaica”, con techo de troncos, ramas y paja: y son muchas las casas nuevas que conservan la tradición del adobe, lo mismo que los hoteles deseosos de integrar su silueta al paisaje y fundirse en sus colores.
Para conocer algo más de la historia de este oasis de Atacama, hay que abrir las puertas del Museo Arqueológico Padre Le Paige, fundado por un misionero jesuita belga que se aficionó a la arqueología andina y reunió los numerosos elementos indígenas que hoy se exponen en sus salas.
Es otra forma de desandar el camino al pasado, de internarse en sus secretos y de recorrer los senderos que permiten interpretar los paisajes, la gente y el mundo mismo del desierto encerrado entre el mar y la cordillera.

martes, 15 de septiembre de 2009

México acelera su paso a la desertificación

La sobreexplotación de los ecosistemas, su uso irracional y el crecimiento económico han provocado un severo deterioro ambiental, advierten especialistas

Si a usted le dijeran que los seres humanos afectamos más al planeta que el meteorito que generó la extinción de los dinosaurios que habitaban la Tierra hace 65 millones de años, seguramente calificaría la aseveración como una
locura.

El problema es que la afirmación es cierta

El hombre está generando un efecto de esas dimensiones, advierte el biólogo José Sarukhán Kermez, coordinador de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio). “El impacto es más sutil, pero el cambio que está generando la actividad humana es de esa magnitud. Es una modificación de las condiciones del planeta y la contribución de los mexicanos está entre los primeros lugares del mundo”.

Los recursos naturales de México son únicos

A pesar de representar sólo 1% de la superficie terrestre, su diversidad biológica resalta al ser comparada con la de muchos otros países, pues forma parte de las 12 naciones megadiversas en la orbe. Sin embargo, la irracionalidad de su uso, la sobreexplotación de los ecosistemas y el impacto del crecimiento económico han provocado un severo deterioro ambiental, alertan investigadores y ecologistas en el documento Capital Natural de México, coordinado por la Conabio.
De finales de la década de los 70 hasta 2000 se perdieron en México más de 84 mil hectáreas de cobertura vegetal, de acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). En cifras conservadoras de la propia institución, cada año se deforestan 314 mil hectáreas, de 2001 a la fecha. Los ambientalistas difieren y aseguran que el promedio anual de pérdida supera las 500 mil hectáreas.
Estos porcentajes de pérdida nos colocan en el cuarto lugar mundial. La cobertura forestal de México es de 56 millones de hectáreas en total.
La mitad de la cobertura vegetal del país ha sido eliminada, con la consecuente e irreversible transformación de los ecosistemas. El desarrollo agropecuario, ganadero y el crecimiento de las zonas urbanas han arrasado con cientos de especies de flora y fauna que, por sus características endémicas, desaparecieron del planeta en unas cuantas décadas, coinciden ambientalistas e investigadores.
Según el estudio Transformación de los Sistemas Naturales de México del Instituto Nacional de Ecología, actualizado hasta 2007, la superficie deforestada anualmente por tipo de vegetación muestra esta tendencia: 51% afecta a selvas, 34% a bosques y 15% a zonas áridas.
“Nuestro país ha perdido más de 95% de sus bosques tropicales húmedos (incluyendo selvas perennifolias y bosques mesófilos), más de la mitad de sus bosques templados, y un porcentaje difícil de cuantificar de los recursos de sus zonas áridas y desiertos naturales, pero que sin duda también representa más de la mitad del acervo original”, se advierte en la citada investigación.
También se señala que una mención aparte merece la desaparición de humedales, especialmente de manglares, cuya importancia, en función de su productividad biológica, no guarda proporción alguna con su reducida extensión geográfica. Nuestros humedales han ido cediendo terreno a desmontes y rellenos para actividades agropecuarias o proyectos de camaronicultura, y han sufrido alteraciones diversas como resultado del desarrollo urbano o de la creación de infraestructura, se señala en el estudio.
La investigadora Patricia Koleff, directora de Técnica y Análisis de la Conabio, va más allá en su análisis y considera que en cuanto a terrenos forestales, lo que todavía tenemos está muy degradado. “Nos queda 50% de la cubierta verde que teníamos pero esa vegetación ya no está en estado primario. De las selvas del sureste de México lo que nos queda son pequeños remanentes, unos cuantos parches fragmentados”. Y sobre esta afirmación advierte que de no revertir esta tendencia “vamos a ser la generación que documente la pérdida de capital natural que son las selvas, uno de los ecosistemas más ricos del planeta”.
El deterioro de los ecosistemas está muy relacionado con el boom de la revolución industrial, coinciden los especialistas. Pero, señala Koleff, estamos resintiendo los resultados de que las últimas administraciones gubernamentales de México hayan apostado por una política sustentada en el modelo de desarrollo económico sin atender al medio ambiente como parte de un capital de todos los mexicanos.
“A lo largo de la historia, en el ámbito de las políticas públicas hemos procedido como si tal diversidad no existiera, de acuerdo con la visión de quienes han tenido en sus manos la conducción de la vida nacional, basada en intereses personales y de grupo”, se advierte en el estudio del capital natural de México.
Tanto ambientalistas como investigadores coinciden en que no hemos sabido valorar en su justa medida los beneficios de los recursos naturales que tenemos.
El Centro Mexicano de Derecho Ambiental señala que entre las fuentes principales de pérdida de superficie forestal en el orbe se encuentran los programas gubernamentales de colonización y desarrollo, el cambio de uso de suelo hacia actividades agrícolas y ganaderas (en muchos casos alentado por programas y políticas también del gobierno), la explotación comercial desmedida y la extracción ilegal. En México, por ejemplo, en los años 70 se creó la Comisión Nacional de Desmonte, vigente 10 años, que se dedicó a tumbar bosques y selvas a como diera lugar, y el gobierno de entonces entregó subsidios a los pequeños productores para que metieran en sus tierras desde chivos y cabras, hasta cultivos, sin tomar en cuenta el daño a los ecosistemas.
Sarukhán comenta: “En ese momento se pensaba que había que abrir la frontera agrícola en vez de pensar en cómo hacer para tener rendimientos más altos con menos daños ecológicos por hectárea”.
Las presiones poblacionales sobre los recursos forestales y la biodiversidad son claras. Algunos estudios interrelacionan el crecimiento numérico de la humanidad con la pérdida de hábitat (principal causa de eliminación de especies naturales). En el caso de México, si las tendencias continúan, se espera que al aumentar la densidad de población de 478 personas por kilómetro cuadrado en 1995 a 807 en 2050, ello vaya ligado a 67% de pérdida de hábitats.

Desordenada ocupación

La biodiversidad y los ecosistemas del país manifiestan síntomas de un impacto antropogénico desde hace siglos, pero ha sido particularmente agudo en las últimas cuatro o cinco décadas, caracterizadas “por la intensa huella ambiental que la actividad humana imprime a los ecosistemas que albergan la biodiversidad”, se expresa en el análisis sobre el Capital Natural de México.
Esta desordenada ocupación del territorio para fines urbanos o de producción agrícola ha exacerbado el efecto de los fenómenos naturales, “causando desastres con costos sociales y económicos muy elevados”. Se estima que los desmontes ilegales con fines de cambio en el uso del suelo son responsabilidad de 90% de la deforestación en México. Los incendios, la tala clandestina y las plagas forestales constituyen el resto de las causas.
Sarukhán Kermez, también fundador del Instituto de Ecología de la UNAM, comenta en entrevista que la deforestación y la agricultura aportan alrededor de 25% a 30% de los Gases de Efecto Invernadero (GEI). En su análisis, no sólo las pérdidas cuantificables son de alto valor. “El daño va más allá porque arrasa con los servicios ambientales, uno de ellos la captura del dióxido de carbono (CO2), que se da no sólo en los sistemas verdes, también en los marinos”.
Advierte: “Por un lado estamos bombeando más gases de efecto invernadero y por otro estamos reduciendo la capacidad de los sistemas ecológicos que los absorben, la acumulación de esos gases en la atmósfera se está haciendo cada vez mayor, lo que contribuye a la aceleración del cambio climático”.
Otro efecto de la pérdida de los servicios ambientales es la crisis del agua. Héctor Magallón, coordinador de la campaña de bosques de Greenpeace, señala que la captación de agua por los sistemas naturales ha bajado cada vez más por la reducción de las áreas boscosas.
La deforestación ocasiona la pérdida de nuestra riqueza biológica, pone en riesgo el abasto de agua y además acelera el cambio climático. Se estima que 20% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a nivel mundial provienen de la pérdida de los ecosistemas forestales que desaparecen a un ritmo de 13 millones de hectáreas cada año en el mundo. “Ya hemos perdido alrededor de 47 millones 651 mil 200 hectáreas de ecosistemas forestales. Si seguimos a este paso, de aquí a 2020 perderemos más de 10% de lo que nos queda”, opina el ambientalista Magallón.
En el estudio del Capital Natural se documenta que la degradación de los bosques reduce la polinización y consecuentemente afecta los rendimientos de los cultivos aproximadamente en 30%.

Daños económicos

Según las evaluaciones del economista inglés Nicolás Stern, el costo económico de encarar el cambio climático sería de 2% o 3% del producto global bruto, aunque no hacerlo implicará en unos 20 años, más de 20%. “La no acción tiene un costo gigantesco. Cuesta hacer este esfuerzo de reducción pero así es el tamaño del problema”, señala Sarukhán.
Patricia Koleff asegura que la prevención sería lo más económico. “Si hoy tomamos medidas e invertimos, quizá 2% del PIB, vamos a ahorrar en el costo de la desaparición de cientos de miles de hectáreas del capital vegetal de México.
Sarukhán Kermez hace un llamado en el sentido de que no todos los daños son cuantificables en el aspecto económico. “Estamos modificando el escenario evolutivo que generó la vida como hoy la conocemos y de la cual somos producto, somos una especie más de los varios millones que existen en el planeta, sin embargo, no ha habido otra que haya modificado tan profundamente ese proceso”, agrega el coordinador de la Conabio.
“La dimensión del cambio es tan grande que las condiciones ambientales que son las que determinan el rumbo evolutivo de los organismos han cambiado profundamente, hemos perdido en el planeta 50% de las áreas cubiertas por ecosistemas naturales, estamos modificando profundamente los sistemas oceánicos. Hay muchas especies que están extintas o que están en el proceso de extinguirse, la tasa estimada de extinción es mil veces más alta que la tasa que ha existido históricamente”.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Sin bosques no hay futuro

Como cada año, asistimos resignados al mismo panorama. En la Península Ibérica, miles de hectáreas de bosque se han consumido, pero no todo queda aquí. En la prensa vemos como en otras partes de la Tierra: California, Grecia, Australia.. se repiten con más intensidad violentos incendios que lo devoran todo a su paso. Y es que el fuego no perdona; todavía menos, cuando cuenta con un aliado alimentado por el hombre, como el cambio climático.
Los veranos, como demuestran las agencias metereológicas, cada vez son mas severos; caldo de cultivo para propiciar y propagar incendios forestales. Ahora que deberíamos estar mas preparados y alerta que nunca, seguimos sin tomarnos en serio este asunto y con políticas forestales superficiales y frágiles.
Todo esto ya lo sabemos, pero queda mucha gente que no conoce lo que está perdiendo con cada árbol que se convierte en cenizas. Cuando se pierde así nuestra diversidad natural, no solo se nos arranca violentamente nuestro futuro, sino que estamos perdiendo nuestra verdadera economía.
La riqueza que queda, la que nos sustenta y no se convierte en chatarra al cabo de unos años, como los automóviles que con tanto empeño las autoridades se preocupan por salvar. Sería interesante que hubiera un PIB que añadiera las perdidas por la contaminación, los incendios forestales, y todos aquellos problemas derivados del cambio climático. Es decir, que el indicador económico tuviera en cuenta las consecuencias medioambientales del crecimiento económico. De tal forma, como apuntaba el economista Serge Latouche, observaríamos un Estado sumido en la más profunda y absoluta recesión.
Por eso, es el momento de pedirle al presidente del Gobierno, qué ha sido de su promesa de plantar 45 millones de árboles para luchar contra la desertificación, conservar la biodiversidad y así crear empleo rural.
Desde que hizo tal promesa hace ya 2 años, no se ha plantado ni un solo árbol y lo que es peor, no hay noticias nuevas. Diversas personalidades y colectivos ecologistas estamos esperando que se cumpla dicha promesa. David Hammerstein, antiguo eurodiputado verde, afirmó que con los 90 millones de euros que costaría cumplir la promesa, se crearían unos tres mil empleos. Esto significa, 33 empleos por cada millón gastado, bastante más que los siete empleos por cada millón gastado en grandes infraestructuras o las inversiones industriales.
Sin embargo, el motivo dado por el Gobierno para aplazar la plantación de árboles es la actual crisis económica. Obviamente, ni los ecosistemas forestales ni el empleo rural son prioridades para el Gobierno.A pocos meses de la Cumbre de Copenhague sobre el Cambio Climático, un encuentro decisivo para salvar el clima y que será el sustituto del Protocolo de Kyoto, es hora de tomarse en serio el asunto, y pasar de las palabras a los hechos, de reconvertir nuestras economías y bajarnos del tren que al grito de «más madera» acabará consumiéndose en su codicia.
Obviamente, no vamos a salir de la crisis ecológica plantando árboles, pero como demostró la premio nobel de la paz, Wangari Maathai, son de gran ayuda para luchar contra la desertificación, asegurar la supervivencia de las poblaciones rurales, y luchar contra el cambio climático. Por eso, el programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente se propuso plantar 7.000 millones de árboles para 2009 y ya llevan más de 4.000 millones.
Nuestro presidente de Gobierno, debería ayudar a alcanzar este objetivo, y ponerse a la cabeza del liderazgo contra el cambio climático. Demostrar que las cuestiones ambientales son un eje vertebrador e inseparable de cualquier otro tipo de política, y que no puede haber salida de la crisis actual repitiendo los modelos grises y de cemento del pasado.

Los incendios forestales han calcinado 84.000 hectáreas en lo que va del año

En lo que va de año el fuego se ha llevado por delante 84.000 hectáreas de la cubierta vegetal del país entre arbolado, monte bajo o matorral. Y lo que es peor, los incendios han segado 11 vidas humanas, nueve de ellas en el transcurso de las labores de extinción.
El negro balance acaba con la tregua de los dos últimos años y devuelve al país a la media del «último quinquenio», según responsables del Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino.
Este año diez comunidades autónomas han registrado incendios de distinta magnitud. Hasta el 9 de agosto se habían declarado 25 grandes incendios - los que afectan a más de 500 hectáreas-, tres de cada cuatro en la segunda quincena de julio, la peor hasta la fecha, recordó José Antonio González, subdirector general de Política Forestal y Desertificación.
González inauguró este lunes un curso sobre incendios forestales en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) de Santander y recordó que, a pesar de una mejora en la situación en este comienzo de agosto, se mantiene activado todo el dispositivo estatal de extinción y control; éste incluye, en el período de máximo riesgo, 63 aeronaves y 10 brigadas de refuerzo que se suman a los medios que en cada caso habilitan las comunidades autónomas afectadas.
Según la Dirección General de Protección Civil y Emergencias del Ministerio del Interior, este martes el riesgo de incendios será especialmente elevado en puntos dispersos del país, de manera especial en el tercio central peninsular.
Hay alerta para la provincia de León, la confluencia de Orense, Zamora y León, Soria, Segovia, Ávila, sur de Burgos y sureste de Salamanca, Guadalajara, Cuenca, Albacete, Navarra, sur de Teruel, noreste de Huesca, oeste de Castellón y Valencia, así como el noroeste de Murcia. Las altas temperaturas generalizadas también obligan a extremar la vigilancia al este de la provincia de Barcelona, en la confluencia oriental de Cáceres y Badajoz, y en la frontera oriental de Sevilla con Málaga.

Ecologistas alertan que desertificación avanza y afecta a Parques Nacionales

En España afecta a más del treinta por ciento del territorio.

En declaraciones a Efe, el responsable de contaminación de Greenpeace, Julio Barea, ha subrayado que la desertificación es un problema grave que amenaza ya a los Parques Nacionales, y ha avisado de que 'detrás de las Tablas de Daimiel, que ya no existen, va Doñana'.
'Si ni siquiera somos capaces de cuidar joyas de nuestra biodiversidad como son los Parques Nacionales, cómo vamos a cuidar la ladera oeste del Monte Pelado de Ciudad Real', se pregunta este ecologista.
Las causas que provocan la desertificación como el cambio climático, la sobreexplotación de los acuíferos y de los recursos hídricos o la agricultura intensiva 'no se están atajando', según Barea, quien ha asegurado que 'plantar cinco arbolitos' no es la solución, sino más bien 'poner paños calientes al señor al que le han amputado las dos piernas'.
Se ha mostrado 'bastante pesimista' respecto a las acciones puestas en marcha en España para frenar el proceso a pesar de que existe un Plan Nacional de lucha contra la desertificación.
De la situación de Doñana ha alertado también WWF, que ha presentado un informe sobre las necesidades de agua de los ríos, arroyos y marismas de este espacio protegido, para garantizar su supervivencia a medio y largo plazo.
Esta organización ecologista ha advertido de que, si se siguen sobreexplotando los acuíferos, Doñana sufrirá 'irremediablemente' el mismo proceso que el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, que apenas cuenta con un 1 por ciento de superficie inundada.
El Día Mundial de Lucha contra la Desertización y la Sequía fue instituido por la ONU en 1994 para sensibilizar de la necesidad de luchar contra este fenómeno, que supone la pérdida del potencial productivo, económico y biológico de los ecosistemas.
Según los datos de Naciones Unidas, la degradación del suelo afecta a 1.200 millones de personas que viven fundamentalmente de la agricultura y la ganadería, y unos 200 millones sufren los efectos de la desertización hasta el extremo de verse obligados a abandonar sus tierras y emigrar a otras zonas.
No obstante, la investigadora del CSIC Mónica García, que actualmente desarrolla su trabajo en Doñana, ha asegurado a Efe que tener un dato consistente a escala mundial o española sobre desertificación es complicado y lo que existe hasta ahora son mapas de riesgo.
A su juicio, no se puede decir que la desertificación avanza como si fuera el desierto, pero sí que la presión humana, interactuando con el clima, hace que se sobreexploten los recursos y se produzca una pérdida del potencial de los ecosistemas.
Por ello, no es un proceso que se propague de forma uniforme, sino heterogénea, pues depende del uso del suelo en cada territorio, aunque 'el panorama en algunas zonas no es tan catastrofista como a primera vista se puede pensar'.
Esta investigadora coincide con las organizaciones ecologistas en que en Doñana podría ocurrir lo mismo que en el Parque de las Tablas de Daimiel si se sigue urbanizando y se siguen sobreexplotando los recursos como hasta ahora.
Para atajar el problema de la desertificación, a su juicio, 'es importante primero medir lo que está ocurriendo y luego ser conscientes de a dónde nos pueden llevar ciertos modelos de desarrollo'.-

jueves, 6 de agosto de 2009

Sahara (EL DESIERTO)

El Desierto de Sahara.

lunes, 27 de julio de 2009

Día Mundial Sequía se celebra este año con el fin de conservar suelo y agua

El Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía que se celebra cada 17 de junio, tiene como lema este 2009: "conservar el suelo y el agua es igual a asegurar nuestro futuro común".
El Día Mundial de Lucha contra la Desertización y la Sequía fue instituido por la ONU en 1994 para sensibilizar de la necesidad de luchar contra este fenómeno, que supone la pérdida del potencial productivo, económico y biológico de los ecosistemas.
Hay territorios especialmente afectados como los países de Kazajistan o Uzbekistán, donde los planes agrarios han convertido en desiertos miles de kilómetros cuadrados, o como el Sahel africano, el sur del desierto del Sahara, donde está avanzando la aridez en países como Malí, Mauritania, Chad o Senegal.
La sobreexplotación de los recursos hídricos, la tala indiscriminada de bosques, la agricultura intensiva y el sobrepastoreo, los incendios, y la ocupación del suelo para el negocio inmobiliario resultan en gran parte responsables de esta situación.
A los problemas causantes de este fenómeno y de la sequía se suman los efectos que el cambio climático está provocando a nivel global.
El aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones son sólo dos de los múltiples efectos producidos por el incremento de las emisiones de CO2 a la atmósfera.
Según los datos de Naciones Unidas, la degradación del suelo afecta a 1.200 millones de personas que viven fundamentalmente de la agricultura y la ganadería, y unos 200 millones sufren los efectos de la desertización hasta el extremo de verse obligados a abandonar sus tierras y emigrar a otras zonas.

sábado, 18 de julio de 2009

Atlas Mundial de Desertificación suma a experto chileno entre sus gestores

Investigador de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, Alejandro León, fue convocado como único representante de nuestro país.

Revisa las actividades universitarias en la Agenda UniversiaUn aumento en la superficie que sufre desertificación en el mundo da cuenta de que las medidas de protección ambiental deben ser intensificadas. Y Chile no puede ser la excepción, pues parte importante del territorio nacional ya está sufriendo los alcances de este proceso. Para conocer el escenario actual y recabar la información que sea necesaria para la toma decisiones, un equipo de expertos confeccionará un nuevo Atlas Mundial sobre el fenómeno. La degradación de las tierras áridas, semiáridas y zonas subhúmedas secas por los efectos de las variaciones climáticas y las actividades humanas como el cultivo y el pastoreo excesivo, la deforestación y la falta de riego es un fenómeno que avanza en el mundo, conocido como desertificación. Un proceso paulatino que alerta sobre la vulnerabilidad de los ecosistemas a la sobreexplotación y al uso inapropiado de los suelos. Atento a este fenómeno que involucra a localidades de nuestro país entre las afectadas, el académico del Departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Renovables de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, Alejandro León, integra el equipo que desarrollará una nueva versión del Atlas Mundial de la Desertificación. Se trata del único experto chileno invitado a la reunión que, en junio, sentó las bases de este proyecto en el Centro Conjunto de Investigación de la Comisión Europea, ubicado en Ispra, Italia. Tal encuentro contó con la participación de investigadores de: Estados Unidos, China, Australia, Holanda, Alemania, Italia, Portugal, Turquía, Camerún, Burkina Faso, Namibia, el Instituto para el Ambiente y la Sustentabilidad de la Comisión Europea y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. En éste se avanzó en la evaluación del conocimiento científico disponible y en la búsqueda de una metodología consensuada. Ello porque el objetivo del Atlas es registrar los avances del conocimiento en el tema de la degradación de la tierra, para así aportar de mejor forma a la toma de decisiones. Más aún, considerando que la desertificación tiene estrecha relación con el desarrollo social. Enfoque Biofísico "Fui convocado para ampliar el análisis desde un punto de vista socioeconómico. El primer Atlas tiene un énfasis biofísico. En esta nueva versión se incorporará una dimensión muy importante respondiendo a interrogantes derivadas de qué pasa con las personas, cuál es el impacto económico que el proceso provoca, cómo influye la emigración, por qué las zonas afectadas suelen ser marginales y pobres, entre otras", explicó. "Éste es un proyecto que se estima llevará alrededor de cinco años, precisó, porque hay que recopilar la información necesaria para generar una visión global de la desertificación. Luego se pretende bajar a la escala local, con estudios de casos que documenten la gravedad del problema de la desertificación y muestren también experiencias exitosas en su combate". Por eso, el siguiente paso a seguir en la elaboración del atlas, en su etapa inicial, será coordinar una nueva reunión en alrededor de diez meses, "una vez que los investigadores hayamos logrado recopilar la información secundaria pertinente, los casos, y sepamos entonces cuáles son los vacíos que hay que llenar". Avanza desertificación en Chile La desertificación en nuestro país uno de los "problemas medio ambientales más graves, pues afecta una gran proporción del territorio, no sólo desde la IV Región al sur sino que también áreas del Norte Grande. Sin embargo aún no se le da la debida atención", advirtió León, asegurando que se trata también de un problema derivado del impacto antrópico relacionado con la sobre explotación de los recursos inducida por el sobre talajeo, y la deforestación, que resultan en erosión. Estos son factores que intensifican la degradación del medio. "Podríamos decir que Chile está comparativamente mejor que otros países, porque de manera indirecta hay herramientas de cuidado ambiental que tocan el tema de la desertificación. No obstante, falta atacar el problema desde la raíz". Ante este escenario "la educación ambiental surge como un tema urgente para crear consciencia. También resulta indispensable recoger el conocimiento local, escuchando las voces de quienes habitan las zonas más afectadas. Y la creación de oportunidades, para reducir los niveles de emigración". Estudios de recursos naturales La Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile ha trabajado por más de 30 años en el estudio de las zonas peráridas, áridas y semiáridas del país, con el objeto de desarrollar modelos de producción rentables, con un enfoque ecosistémico integral para optimizar el aprovechamiento de los recursos naturales y humanos. Para ello cuenta con el Centro de Estudios de Zonas Áridas (CEZA), que dirige el Prof. León, y el Campo Experimental Las Cardas (CELC) dependiente de éste, ubicados en Coquimbo. A lo largo de este período la Facultad ha contribuido con los resultados de múltiples proyectos de investigación a mejorar el manejo de praderas, del ganado caprino, la elaboración de nuevos tipos de quesos de cabra, con nuevas especies frutales con una baja demanda hídrica, etc. Con ello diversos grupos de investigadores han aportado a un mejor conocimiento de los ecosistemas áridos y su manejo racional. Proyectos que complementan el análisis ambiental Actualmente, el Prof. León está involucrado en otros proyectos de investigación. En uno de ellos la Universidad se asoció con la Junta de Vigilancia del Río Maule para generar un modelo de gestión para la calidad del agua de riego. Otro, consiste en un análisis de la calidad del aire durante eventos climáticos extremos en Bogotá, Buenos Aires, Ciudad de México, y Santiago que busca relacionar los efectos de la contaminación en la morbilidad y mortalidad de sus habitantes. Y, finalmente, uno que usa tecnologías espaciales, como imágenes satelitales y sistemas de información geográfica, para la gestión de desastres asociados a eventos climáticos extremos en la agricultura, con equipos de investigación en Argentina, Chile, Cuba, Ecuador, España y Perú.

miércoles, 15 de julio de 2009

La energía termosolar podrá abastecer la cuarta parte de la electricidad mundial en 2050, según un estudio

Las inversiones en la energía termosolar superarán este año los dos mil millones de euros y podrían generar unos ingresos de 20.800 millones, además de crear 90.000 empleos en el mundo para 2015. Además esta tecnolgía hará posible que en el año 2050 la cuarta parte de la electricidad en el mundo en 2050 sea abastecida por ésta energía.

Éstos son algunos de los datos que se desprenden del informe «Energía Solar Térmica de Concentración: Perspectiva mundial 2009». Elaborado por especialistas de Greenpeace junto con la Asociación Europea de la Energía Solar Termoeléctrica (Estela) y el programa Solar Paces de la Agencia Internacional de la Energía. El estudio muestra que la energía solar térmica de concentración (ESTC) podría llegar a cubrir el 7 por ciento de la demanda eléctrica mundial en 2030 y más de la cuarta parte para 2050.

«La energía termosolar es la nueva gran protagonista de la revolución energética. Primero fue la eólica, después la fotovoltaica y ahora las centrales solares termoeléctricas ya están aquí para producir a gran escala y a todas horas electricidad renovable, limpia, autóctona y con garantía de suministro», ha declarado José Luis García Ortega, responsable de la campaña de Cambio Climático y Energía de Greenpeace.

Gracias a esta tecnología, se podrían ahorrar 4.700 millones de toneladas de CO2 al año para 2050, es decir, un 20 por ciento de todas las emisiones que hay que reducir en el sector energético para salvar el clima. Bastaría con una superficie equivalente al 0,5 por ciento de todos los desiertos, o a la de Andalucía y Cataluña, para producir toda la electricidad consumida en el mundo actualmente.
España está a la cabeza de la rápida expansión en los últimos años de esta industria, con 14.231 MW en proyectos, de los cuales 132 MW ya generan electricidad. Desde las primeras centrales comerciales que se instalaron hace más de veinte años en California, la experiencia e investigación en estos años ha logrado centrales más eficientes, de forma que a día de hoy son una alternativa directa a las centrales térmicas o nucleares.
Además de la cantidad de energía que pueden producir, las centrales solares termoeléctricas tienen la gran ventaja de que pueden seguir funcionando aunque no haya sol, ya que pueden almacenar la energía en forma de calor, o bien operar en combinación con otras energías renovables, como el biogás.